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« Mejor Chica »
 

« Mejor Chico »
 

« Mejor Pareja »
 


Año: 2012
Lugar: Stoke-on-Trent, Inglaterra.
Situación: Nos encontramos a fines del verano 2012, los días son soleados y cálidos, pero cada vez nos acercamos más al Otoño. Los árboles poco a poco comienzan a perder sus hojas y las temperaturas descienden paulatinamente.
El año acaba de comenzar para los Universitarios de Staffordshire, la principal universidad de la ciudad.





« Hermanos »


« Elites »

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Benjamin D. Herrmann {100%}

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Benjamin D. Herrmann {100%}

Mensaje por Benjamin D. Herrmann el Jue Jul 21, 2011 10:51 am

Benjamin D. Herrmann
"I must confess I feel like a monster"


« Datos Básicos »
Fecha de Nacimiento & Edad:
13//11/1983 || 29 años
[Ex] Hermandad:
[Ex] Facultad:
Humanidades
Carrera:
Profesión:
Decano de la facultad de Humanidades. Ocasional profesor en la carrera de Filosofía.
Nacionalidad:
Americano {Nueva York}
Orientación Sexual:
Heterosexual Asexual

« Descripciones »
Descripción Física:
Ben es un hombre que a simple vista podría pasar desapercibido en una sociedad alemana; y es que posee muchas más características del hombre hosco, grande y corpulento alemán, que del estadounidense. Sorprendentemente alto, eso sería primordialmente lo que te llamará la atención de él; su metro noventa y tantos, y su condición física de soldado militar. Y ambas cosas darán en su conjunto a un tipo que asusta sólo de verlo.

Su cabello es un tono más oscuro del rubio común; un rubio apagado, cenizo y sin brillo, que siempre lleva corto, sin muchas complicaciones. Sus rasgos son duros, fuertes, varoniles; la mandíbula es ancha y cuadrada, y la frente despejada, de un perfil recto y cuadricular. Los ojos, pequeños y penetrantes, parecen esconderse debajo de sus cejas rectas siendo apenas un par de destellos de verde esmeralda. Sus labios son levemente carnosos, bien delimitados, y a menudo acompañados de la sombra difusa de una barba de un par de días. En general, su aspecto es bastante descuidado, como si no le importara su apariencia. Como si no le importara lo que pudieran pensar los demás de él.

Descripción Psicológica:


{—Cállate de una puta vez, ¿quieres?
—... —la joven suspiró—. Eso no ha sido muy educado por tu parte, ¿sabes?
—No pretendo serlo.
—¿Y el nivel de hijo putismo? ¿Tampoco lo pretendes?
—No —le espetó Ben—. Tampoco lo pretendo.}

Hay muchas opiniones respecto a Ben. A quienes ven en él al tipo de gabardina oscura, pitillo entre los labios y mirada que condensa la amargura de la humanidad entera. Esos se contentan en llamarle hijo de puta, cabrón, jodidodéspotademierda. Otros intentan ir más allá. Intentan. Y se topan con la dura realidad: Ben es Ben, y eso significa que esos ojos fríos no van a dejar de mirarte con la indiferencia glacial de un desconocido por mucho que tú te emperres en lo contrario. Significa que las palabras secas seguirán siendo palabras secas, que las blasfemias no dejarán de repudiar a un Dios que le dio la espalda nada más nacer, y que los pensamientos mudos seguirán tan cargadas de putrefacción como siempre. Porque Ben está muerto, y su cadáver camina entre hileras de desconocidos como un espectro se mueve en el mundo de los vivos: contemplándolo todo con el desdén de un inmortal y el rencor de a quien le ha sido arrebatado todo. Ben no es un enemigo del mundo; el mundo le declaró la guerra hace más años de los que puede contar. Y él se ha limitado a sobrevivir desde entonces repartiendo lo único que ha recibido a lo largo de su vida: esas altas y mortíferas dosis de hielo y veneno que tan bien sabe regalar.

{—Ben.
—¿Qué?
—Para.
—¿Por qué?
—Porque me estás asustando. }

Hay un monstruo escondido bajo la piel de acero y mirada apagada. Un monstruo en el sentido más literal de la palabra. Porque a veces, la muralla cae y el odio se muestra en su máxima esplendor. La violencia, la agresividad, la personificación de la guerra entre un cielo y un infierno dentro de un mismo cuerpo. Ben aguanta y sepulta los sentimientos hasta que estos le arrollan y le convierten en algo casi antagónico a lo que es normalmente. Los puños dejan de cerrarse para contener la ira y golpean, destrozan, matan. El hielo se funde y da paso a una llamarada de cólera difícil de asimilar. Se vuelve imparable, decisivo, tajante como la guadaña de una Parca. Los expertos querían atribuirlo a gilipolleces de la adrenalina y el trastorno de personalidad antisocial que le diagnosticaron desde pequeño. Pero Ben sabe la verdad: está condenado. El infierno vive dentro de él, y el demonio se regordea viendo sus fallidos intentos de contenerlo todo. Callar y aguantar, callar y aguantar. Porque él no quiere esto. No quiere convertirse en un monstruo. No más de lo que ya es de por sí. Así que lucha. Lucha porque eso es lo único que se le da bien hacer cuando los problemas empiezan a perseguirle.

{—Aún queda esperanza... aún podemos...
—No, no podemos.
—¿Por qué eres así? ¿Por qué eres tan... tajante?
—Porque tú serás incapaz de serlo.}

Aunque parezca increíble, hay una extraña y retorcida lógica detrás de cada acción que Ben ejecuta, un sentido común difícil de encontrar en personas normales. Él tiene sus propias reglas; reglas acérrimas de moral y ética que no necesariamente coincidirán con las del resto. Él se ha forjado su propio destino y él va a seguirlo aunque tenga que llevarse a media humanidad por delante. Sabe de lo que es capaz y de lo que no. Sabe donde están sus límites, igual que sabe donde están los de los demás. Muy por debajo de los suyos, todo debe decirse. Y no, no es pedantería. Es realidad. Porque Ben será un completo gilipollas en relaciones sociales, un tipo seco y amargado a más no poder, pero es observador, astuto, inteligente. Endemoniadamente inteligente.

{—No puedes estancarte en el pasado, Ben. Y lo sabes.
—¿Sabes qué sé? —murmuró al cabo de unos segundos—. Sé que yo estoy aquí y ella no. Sé que ella murió, Brandt. Se fue. Se ha ido, y no volverá. Nunca más. }

Hay quien dice que donde hubo fuego siempre quedarán las cenizas de lo de antaño. Y quedan. Dios sabe si quedan; Ben está obligado a impregnarse de ellas cada mañana que se levanta y encara la realidad de su condena. Porque la única mujer a la que fue capaz de amar en el mundo murió, y le arrastró a la muerte con ella. Esa pérdida sepultó toda ilusión y acribilló toda esperanza; por eso Ben siente lo que siente y actúa como actúa. Lo ha perdido todo. Ha sido incapaz de pasar de página y afrontar sus errores; se ha encadenado a sí mismo junto con recuerdos marchitos y fotografías en blanco y negro de un pasado mejor, siempre mejor. Y languidece a cada día que pasa, enterrando el rostro en las manos y llorando sin lágrimas. Porque la sombra de la muerte ha conseguido lo que nadie logró antes: convertir esporádicamente al hombre en niño y hacerle añorar el afecto de un hogar como un moribundo añora la vida de la que apenas le quedan los resquicios.


« Datos Familiares »
Miembros Familiares:

·Sarah Olivia Wood: madre, magnate arruinada. Americana. Muerta por suicidio al tirarse de lo alto de un hotel. Ben no la conoció.
·Derek Charles Herrmann: padre adoptivo, magnate. Americano, de ascendencia alemana. Muerto por cáncer hará cosa de cinco años. Ben no le conoció.
·Wallace Viktor Larose: padre biológico, músico. Inglés. Paradero desconocido.

···

·Jane Fiona Sullivan: difunta esposa, camarera y posterior ama de casa. Muerta en un incendio. Ben sueña cada noche con ella.
·Melanie Kim Sullivan: ahijada, hija de Jane. Estudiante y camarera. Viva, obviamente.


Historia:
Ben supo que su existencia fue un error desde el momento de nacer. Fue fruto de una relación secreta, una traición que nunca debía haber sucedido. Su madre, afamada empresaria del mercado de la moda, se vio hundida en la miseria del día a la mañana cuando se hizo público que había mantenido relaciones fuera del matrimonio con un bohemio inglés que estaba de paso. Y más aún; que esa infidelidad había dado un fruto con nombre propio: Benjamin Derek.

De poco sirvió que Sarah pusiera a su hijo como segundo nombre el de su marido; el divorcio se palpaba en el aire por mucho que la mujer sollozase pidiendo una segunda oportunidad. A los pocos meses de nacer Ben, la separación se consumó. Y al escaso año que Sarah pasó yendo de hotel en hotel con su hijo, sin encontrar trabajo, sin poder rehacer su vida, se dio cuenta del tremendo error que había cometido con esa infidelidad. Se suicidó.

Fue algo rápido. Pidió en la recepción del hotel la planta más alta del rascacielos de Nueva York que tuvieran. Y una vez en ella, se arrojó al vacío sin dudarlo ni un instante. Fueron los llantos del bebé dentro de la habitación, lo que alertó a los ayudantes del hotel y les hizo descubrir la desgracia.

A partir de ese momento hay poco que contar en la vida de Ben. Todo se convirtió en un ir y venir de las casas de acogida. No estableció lazos ni con padres ni con hermanos adoptivos, puesto que disponía de poco tiempo para ello. Normalmente las mudanzas sucedían como mínimo, una vez al mes. Y eso si tenía suerte. Con el tiempo aprendió a olvidar rostros, nombres y voces. Se aisló. Consiguió que no le afectara recuperar y perder continuamente a sus familias.

Cuando cumplió los dieciocho años empezó a trabajar en pequeños chanchullos como portero de discotecas, agente de seguridad en supermercados, o vigilante nocturno de museos. Tenía poca ambición y mucho tiempo libre; tiempo que se dedicaba a gastar en bares de mala muerte donde terminaba la noche con uno o dos ojos morados. Nunca explicó por qué lo hacía. Se trataba de una simple descarga de adrenalina, un pasatiempo extraño y masoquista, una forma de sentirse vivo. Había estado tan rodeado por silencios fríos en sus casas de acogida que resultaba aliviante sentir por fin insultos a voz de grito; aunque fuera de las personas equivocadas, y en los lugares equivocados.

Probablemente, de haber seguido ese camino, en unos pocos años hubiera estado internado en prisión o bien terminado asesinado por uno de los tantos matones con quien se metía. Pero de repente apareció ella. Y la vida de Ben cobró un nuevo sentido.

Ella, Jane, era mayor, bastante mayor, pero sus enormes y acuosos ojos de niña parecían indicar que dentro de su cuerpo albergaba una alma mucho más juvenil e inexperta de lo que aparentaba. Era influenciable, sensible, de carita triste y mirada cándida. Esa mirada despertó en Ben algo que él creía dormido, algo que ni siquiera sabía que existía. Sobra decir que cayó perdidamente enamorado de ella. Y apenas unos meses después de conocerla ya creyó que su vida había dado un giro por completo, que todo era luminoso, perfecto, lleno de posibilidades. Un año después de estar saliendo juntos, Ben y Jane se casaron.

Todo fue bien al principio. Todo debía haber ido bien. Ben encontró un trabajo algo más estable y Jane se quedó embarazada; iban a tener un hijo. Eran una familia, eran felices. Pero algo le empezó a suceder a Jane. Si de por sí ella era una mujer de carácter melancólico y voluble, algo empezó a perturbarla durante ese embarazo. Empezó a hablar constantemente de una relación pasada, una relación que tuvo a los quince años con un chico de su pueblo; y de la que surgió una hija que murió meses después. Ese incidente, si bien Jane creía que estaba superado, no lo estaba. Empezó a tener una fuerte depresión, y Ben apenas sabía qué debía hacer para que su esposa se sintiera mejor. Parecía estar pasando entonces, durante ese embarazo, el duelo por su hija muerta que no había pasado en su momento durante la adolescencia.

Y de repente, llegó la cumbre del problema.

Una noche en el hogar de los Herrmann llegó una carta. En ella una chica joven, apenas una niña, escribía a Jane Sullivan y le pedía que, por favor, se reunieran cuanto antes fuera posible para conocerse; que su familia adoptiva la había mantenido lejos de ella durante todo ese tiempo, pero que había huído de casa y estaba dispuesta a encontrarse con ella. La remitente firmaba como Melanie Sullivan.

Aquello conmocionó tanto a Jane Sullivan que provocó que perdiera la poca cordura que le quedaba. Embarazada del octavo mes y llegando al punto final de su depresión, fue a por cerillas y gasolina y quemó la casa... con ella dentro. Lo único que llegaría a ver Ben al regresar al hogar sería esa montaña de llamas deborando el edificio, y Jane gritando en el interior. No pudo salvarla, pese a que los bomberos tuvieron que sacarle casi a rastas del interior del hogar en llamas. La vio morir quemada frente a sus ojos.

A partir de ahí el mundo de Ben quedó sumido en un profundo silencio, uno que se ha mantenido hasta hoy. Se mudó a un lugar lejano, en Inglaterra, donde no pudiera recordar la muerte de su esposa; se podría decir que ha llegado aquí huyendo de su pasado. Ha conseguido un trabajo en Stafford tirando de varios cables, ha conseguido un apartamento en las afueras, un coche de segunda mano... y una vida profundamente vacía de significado. Pero es todo lo que tiene ahora mismo.


« Datos Extras »
Enfermedades:
· Un leve trastorno de la personalidad antisocial; no muy marcado, suficiente para hacerle un hombre un tanto agresivo y temperamental que se mete constantemente en problemas.
· Una depresión atípica (ira en lugar de tristeza, irritabilidad en lugar de llanto, etc.) a raíz de la muerte de su esposa.
· Frecuentes e incontrolables ataques de ira, con un origen en parte en las dos enfermedades anteriormente mencionadas.
· Alcoholismo como método de automedicación. No muy avanzado, pero tampoco insignificante.

Gustos:
~La soledad.
~Dar paseos de noche por el bosque.
~Salir de bares.
~Fumar, fumar, fumar.
~Pelearse. Por raro que suene.
~La música rock de los ochenta.
~Los animales. Es con los pocos seres que se muestra algo más blando.

Disgustos:
~Que invadan su privacidad.
~Las conversaciones profundas o íntimas.
~Mostrar sus debilidades, admitir que necesita algo o alguien.
~El daño y maltrato de cualquier tipo a las mujeres. Le enerva.
~Las multitudes, la ciudad, la tecnología (no es santo de su devoción).

Fobias:
Padece bastantes pesadillas y terrores nocturnos. Hoy por hoy, son su mayor miedo.
Manías:
Fumar, beber, mirar fijamente a las personas al hablar con ellas.
Otros Datos:
·Sufre pesadillas a menudo. En ellas revive constantemente el incendio que sucedió en su hogar.

·Tiene la parte posterior de la mejilla y la nuca quemadas, al igual que gran parte de la espalda. Es una herida de guerra; se lo hizo cuando intentó sacar a su mujer del incendio.

·Considera a su ahijada el fruto de todos sus problemas, y el motivo de que su mujer se suicidase. No la culpa abiertamente, sino subliminalmente; y de algún modo, así es más doloroso. Tanto para él como para ella.

·Desde la muerte de Jane no ha vuelto a sentir nada por ninguna otra mujer; ni siquiera atracción sexual. Por este motivo empieza a considerarse algo así como asexual.

·Lleva siempre encima una Beretta 92 de sus años de juventud. Mera precaución, y tampoco es que vaya exhibiéndola. Por ahora nunca la ha usado contra nadie (al menos, de Inglaterra).

·Estuvo metido en asuntos verdaderamente turbios durante su juventud, antes de que Jane apareciera en su vida. Muchos de los peces gordos con quienes hizo tratos aún le buscan para saldar antiguas deudas.


Última edición por Benjamin D. Herrmann el Jue Jul 21, 2011 3:14 pm, editado 5 veces
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Re: Benjamin D. Herrmann {100%}

Mensaje por Andrómeda A. Marshall el Jue Jul 21, 2011 11:00 am

» Postea acontinuación al terminar.



"Nunca dejes de sonreír, ni siquiera cuando estés triste, porque nunca sabes quien se puede enamorar de tu sonrisa"
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Re: Benjamin D. Herrmann {100%}

Mensaje por Benjamin D. Herrmann el Jue Jul 21, 2011 3:14 pm

Terminada (:
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Re: Benjamin D. Herrmann {100%}

Mensaje por Andrómeda A. Marshall el Jue Jul 21, 2011 4:14 pm

» Ficha Aceptada
Bienvenido.



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Re: Benjamin D. Herrmann {100%}

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